“Después del primer vaso, ves las cosas como quieres que sean.
Después del segundo, ves cosas que no son.

Finalmente, ves las cosas como ellas realmente son, y esa es la cosa más horrible del mundo”
~ Oscar Wilde, “El ajenjo”

 

 

Capítulo Nº1 de Una Poción Agridulce: El Don

“Tal vez deberías arrodillarte”

                                                                                                   

 

Hermione me mira crítica. – Tal vez deberías arrodillarte-

 

-¿Es eso parte del ritual?

 

-No, pero sería humilde – dice, hundiéndome los hombros.

 

Me arrodillo en las frías y húmedas baldosas, y agarro su manga para jalarla justo a mi altura... cayendo directo a un charquillo que no había notado – Ahora estará doblemente impresionado – le digo.

 

Ella me saca la lengua, y luego adopta rápidamente una expresión más seria.

 

Me siento tonto, arrodillado junto a Hermione en el baño de Myrtle. Al menos ella cerró con un hechizo las puertas, así no habrá oportunidad de que alguien se acerque a nosotros, pero eso quizás no afectaría tanto mi cordura como la misteriosa criatura que estamos a punto de invocar. Privacidad, de acuerdo a la investigación que hizo Hermione, es uno de los requisitos para invocarla, los otros son que todos los espectadores deberán ser magos, y el ‘solicitante’ debe pronunciar su nombre correctamente.

Hermione piensa que ha de ser un tipo de duendecillo travieso, ya que el pedir El Don y el no ser concedido se ha vuelto una broma típica para los posibles candidatos a Animago. Trato de no esperanzarme mucho, ella probablemente tenga razón, como siempre.

 

-O.K., Entonces… ¿Sólo debo llamarlo?

                                                                                                                        

-Lo antes posible, por favor – Dice Hermione, mirando sus mojadas rodillas.

 

Nerviosamente pregunto – Sólo el nombre, o…

 

-Relájate, Harry. Estamos recolectando información – suelta una risita – no es como si realmente tuvieras una oportunidad.

 

Siento que al menos debería intentarlo, sólo por si acaso. Cierro mis ojos para calmarme. No hay ningún encantamiento formal, ningún hechizo, ningún ritual, ni siquiera un truco. Supuestamente sólo debo llamarlo, y se me hace muy raro esto.

 

Cuando Hermione me contó por primera ver acerca de su investigación para su proyecto de Transfiguraciones, estaba seguro que tenía que haber una pega. ¿Eso es todo?, ¿Sólo tienes que pedirlo? Luego te vuelven una clase de súper-animago, y luego  mueres lenta y horriblemente, ¿O qué?  Siendo Hermione, ella me corrigió larga y extensamente. Aparentemente El Don no te convierte en un animago, sino que en un cambia-formas, capaz de tomar la forma de cualquier cosa viviente. A pesar de que El Don no tiene nada que ver con hechizos, existe un maleficio anti-glamour oscuro que revela brevemente la verdadera naturaleza del cambiador de forma- pero ninguna otra fuerza en el planeta puede hacerlo volver a su forma original. Además, según todos libros que encontró, no existen efectos secundarios dolorosos.

 

-Repite después de mí – me indica – ‘O-sulc-dhnel-gen-zin’.

 

Cuidadosamente repito y la miro ansioso. - ¿Así está correcto? – Ella asiente. Tomo aire profundamente – ‘O-sulc-dhnel-gen-zin, quisiera hablar con Usted, por favor.

 

Nada ocurre. Sabía que era demasiado bueno para ser verdad. Hermione sonríe sarcástica. – ¿Lo ves? Ni siquiera un duendecill-

 

Una criatura abruptamente aparece ante nosotros. Hermione suelta un grito mudo y retrocede. No tengo idea de cómo llegó aquí- no hubo un crack de aparición, ningún rayo de luz, o una nube de polvo o humo. Luce como un elfo doméstico, pero más alto, con orejas más pequeñas y piel más oscura. Se pone de pie con los brazos cruzados en su pecho.

 

-Hola –le saludo torpemente.

 

-¿Cámaras? – La criatura dice gruñona.

 

-No hay cámaras – respondo.  Hermione habla por sobre mí “¡No, por supuesto que no!”

 

-¿Hechizos grabadores?

-No.

La criatura apunta al trizado y espejo. – Espero que esto no tenga otras salidas.

Hermione lanza una mirada horrorizada al espejo – Considerando que esto es un baño público, ¡Yo también lo espero!

-Si no me pueden garantizar que – la criatura señala, mirándola sospechosamente.

-No, espere! Le digo, sacando mi varita, pero Hermione, un paso adelante mío, salta, con la varita apuntando al espejo.

"Coloro Viridus!"  y el espejo se torna de un verde opaco. – Bien, ¿Qué tal esto? – ella pregunta.

-Poco elegante, pero efectivo – la criatura sonríe con sorna.

La miro confundido, murmurando la palabra - ¿Verde?

-Ella encoge los hombros y susurra – Encaja con el patrón.

Con un dramático chapuzón, el piso queda sumergido en agua, empapando mis pantalones y la parte baja de mi túnica. - ¿Qué le han hecho a mi espejo? – solloza Myrtle, espiando desde la puerta de su cubículo.

-Ahora, Myrtle, relájate – dice Hermione.

Asqueada, la criatura baja la mirada hacia el agua alrededor de sus pies, mientras Myrtle sigue lamentándose sobre el espejo y Hermione trata de consolarla prometiendo que sólo es temporal. –Ponte de pie – me ordena la criatura – Sólo mirarte me incomoda – Torpemente, me pongo de pie. Myrtle deja de lamentarse y me estudia con interés.

-¿Por qué, precisamente, tenías que llamarme a este horrendo lugar? –Dice la criatura.

-Hermione dijo que tú podías ayudarme…tú podías entregarme-me distraigo, dándome cuenta que Myrtle está con la boca abierta mirando mis empapados pantalones. Ella da vueltas detrás de mí. ¿Puede ser esto aún más tétrico?  Hermione observa, retorciendo sus manos - ¡El Don! – logro decir.

-¿Por qué?

-Bueno, porque soy una especie de… famoso.

-Ah. Una terrible carga- dice secamente la criatura. Siento mis mejillas enrojecer, pero enojarme no va a ayudar a mi oportunidad, por más nulas que esta sea. Nadie ha recibido el Don en casi 400 años.

-Si pudiera transformarme, tendría mucha mayor libertad, – Le explico

-Hay maneras más simples de disimular – dice la criatura.

Myrtle gira a mi alrededor para flotar directamente entre la criatura y yo…¡Aún mirando mis pantalones! Intento cubrirme con mi tunica, en la pose clásica de Snape, o incluso peor. – ¡Ya basta, Myrtle! – Dice Hermione, sonando exactamente como la Sra. Weasley.

-Sólo estaba mirando- dice tristemente Myrtle, deslizándose hacia atrás, pasando a través de la criatura, la que no se inmuta en lo absoluto. Sólo me mira impaciente.

-¡El Don, señor! – le suelto, antes de darme cuenta que a pesar de que la criatura está desnuda, su sexo no es obvio. Espero no haberle ofendido. –Eh, señorita. Eh, señor…

 La criatura sonría sarcástica (hablando de Snape…)- Eres un poco más  pequeño que un erizo, ¿O no, Harry Potter?

Debo estar sonrojándome hasta mi cuello. Incluso las criaturas míticas conocen mi nombre…

-Oh, sí, pero tiene un buen culo- Myrtle comenta, deslizándose de vuelta a su cubículo.

Myrtle!- Hermione le sisea, con la cara de un brillante rojo.

Gran oportunidad de obtener el Don voy a tener. Aún así, podría decirle a la criatura por qué lo quiero y qué podría haber hecho. Respiro profundo – Sólo quiero ser yo mismo-

Antes siquiera de que termine la palabra ‘mismo’, la criatura agita su mano para callarme. – Sí, gracias, muy conmovedor. Tienes el Don.

-¿Qué? – Dice Hermione inexpresiva.

-Cuando todos parecen conocerme… - y luego lo comprendo - ¿Qué? – Estoy en shock. Estoy emocionado. Soy un Cambia-Forma. - ¡Gracias!

Con una breve y ligera reverencia, la criatura responde – No fue nada.

Examino mis manos y mis pies, no muy seguro de lo que estoy buscando, algo tiene que ser diferente. La criatura comienza a lucir sorprendida.

-¿Cómo lo hago?- pregunto

-Eres un Cambia-Formas – dice, encogiéndose de hombros indicando la obviedad del asunto – Tú cambias de forma.

-¿Hay algún instructivo?

-Punto uno: las, ejem, ropas – dice haciendo una mueca de disgusto a mis ropas – no se transforman contigo. Punto dos: entre más tiempo pases con una forma en particular, más cómodo estarás en ella, así que a menos que estés planeando – se encoge – pues, cambiar tus planes, ten siempre en cuenta al sol.

Observo de nuevo mis manos, girándolas lentamente, moviendo mis dedos, aún no muy seguro de qué exactamente debo hacer.
Hermione ha estado levantado su mano como si estuviese en clases, pero al hallarse ignorada, ella dice - ¡Señor! – La criatura la mira exasperado - ¿Harry tiene el Don?

-Obviamente, esto te molesta, - dice la criatura agriamente.

-¡No, eso no me molesta en absoluto!  - Dice ofendida, y luego masajea el puente de su nariz, como si tuviese un dolor de cabeza – A lo que me refiero es ¿Por qué Harry?, ¿Por qué no las millones de personas que lo pidieron?

-Él lo necesita. Ellos no.

Myrtle  vuelve flotando a través de su cubículo. - ¿Puedo yo tener un don también?

La criatura ni siquiera se molesta en voltear- los fantasmas son irrelevantes –, echándola.

Myrtle estalla en llanto - ¿Así que no te gusta el agua?

Ella se zambulle en su taza. La criatura desaparece. Una fracción de segundo después, una gran ola sube el nivel del agua mojando las paredes con espejos y se devuelve como un vendaval, calándonos hasta media pantorrilla. Hermione mira a la hechizada puerta, la cual parece contener lo que se ve como un metro de agua – A Filch le va a dar un ataque cardíaco.

Yo aún estoy en shock por que he recibido el Don, pero temeroso de que sea algún tipo de broma a fin de cuentas, después de todo, no me siento distinto. Por alguna retorcida razón, la primera criatura que se me viene a la mente es una mariquita, y sin siquiera darme cuenta de que había cambiado, ni mucho menos cómo, me hallo planeando en el aire justo en frente de la cara de Hermione, la cual es tan grande que no puedo ver más de la mitad de ella a la vez. Ella grita de la sorpresa. Las ondas de sonido que viajan a través  del aire, me sacan de camino.  Logro aterrizar sobre su hombro.

Estoes asombroso, pero desconcertante. Creo que tuve suficiente. Me vuelvo humano nuevamente, tras Hermione con mi mano en su hombro.

-Harry – Hermione rie nerviosa, mirando a otro lado mientras ella agita el agua en busca de mis ropas. – Tú estás…em…bueno.

-Creo que mejor practico esto en privado, – digo, mi cara enrojece.

- Aunque fuera solo por el bien de mi cordura – baja su voz a un susurro – y mejor sales del baño de Myrtle también…

Alcanzo las ropas que ella me da y me colo al cubículo más lejano del de Myrtle. Justo cuando alcanzo a ponerme mis fríos, húmedos y muy incómodos calzoncillos, la voz de Myrtle sale de la taza de baño. Salto,  botando mis pantalones al agua.

-Hola, Harry – Ella dice.

Agarro mis pantalones del agua, los estrujo y me los pongo, todo el tiempo con la mirada dirigida a Myrtle.

-Podría ayudarte, sabes – me susurra, levantándose fuera de la taza. – podría…sostener algo por ti.

Horrorizado, trastabillo fuera del puesto, abotonando mis pantalones, con Myrtle tras de mí.

Hermione me entrega mi camisa – ¡Myrtle!

-Sólo estaba mirando – dice Mirtle, tratando de lucir inocente.

Rápidamente abotono mi camisa, agarro mi empapado chaleco y mi tunica de Hermione, me las coloco y camino hacia la puerta. Hermione apunta su varita a la puerta. -¡Alohomora! – y la puerta se abre, enviando una ola a la puerta. Mientras vamos saliendo del baño, Myrtle grita con fuerza ¡BienVáyanse! ¡Abandónenme como todos los demás! Y crea otra ola gigante. Tropezamos  hacia el pasillo, con otra ola empujándonos tras nosotros.

Hermione ve hacia el empapado pasillo y luego a mí. –Filch va a-

Estoy pensando lo mismo – matarnos.  ¡Corre!

 

 

 

Capítulo Nº2 de Una Poción Agridulce: El Gato.

“No luzcas tan asustado. No voy a viviseccionarte… por mucho que puedas merecerlo”

                                                                                                   

 

Finjo un par de bostezos para zafarme de un tercer juego de ajedrez con Ron e irme a la cama, aunque aún no es muy tarde; la mayoría de los otros Gryffindors aún están en pie. Cierro las cortinas de mi cama y apoyo el espejo de bolsillo de Hermione contra mi almohada. Respiro profundo y trato de convertirme en un pájaro. Nada ocurre. ¿Ya se habrá desvanecido el Don? ¿Fue solo un sueño extraño? Hubiera sido genial ser un halcón y planear en el aire…

 

De pronto, me estoy sacudiendo ropa arrugada y girando mi cabeza de un lado a otro para poder verme en el espejo. ¡Soy un halcón! Uno gris y negro, con una franja blanca en mi cabeza, distinto de los que he visto en el zoológico o en un libro, pero definitivamente es la forma de un halcón. Supongo que es negro porque ese es el color de mi cabello.

 

Ansioso por intentar algo más, pienso en un gato, pero nada ocurre. Por lo visto, si sólo pienso en un animal genérico, como un gato o un pájaro, no es suficiente; debo imaginarme una especie definida de la criatura que quiero ser. Imagino un gato de una complexión sólida, con el pelaje medio largo, y (sólo para ver si puedo) blanco en mi pecho y mis patas.

 

Instantáneamente, soy un gato negro, exactamente como lo ideé.

 

Muevo mis blancos dedos, me miro al espejo y admiro el perfecto diamante blanco en mi pecho. Todavía está aquella franja blanca en mi cabeza (¡Nunca podré deshacerme de esa cicatriz!) Imagino una mancha blanca en mi cabeza y esta aparece, desde el mismo punto en donde la cicatriz inicia, así que ambas parecen una.

 

Camino por la cama, asombrándome de lo cómodo que mi cuerpo se siente. Caminar en cuatro patas en vez de dos se siente sorprendentemente natural. Alguien en la Sala Común ríe, y mis orejas instintivamente giran hacia el sonido. Me volteo hacia el espejo a mirarme, moviendo deliberadamente mis orejas hacia delante, luego atrás, delante de nuevo. ¡Qué cosas tan extrañas son las orejas de gato! Noto que mis ojos aún son verdes… salto hacia atrás, mis orejas gachas, y miro nerviosamente a mis patas. ¿Qué fue eso? Por poco me sentí… ¿Amenazado? Cómo es posible- es sólo mi reflejo en un indefenso espejo Muggle.

 

Cuidadosamente, me acerco al espejo de nuevo. Veo mis orejas; hasta el momento todo bien. Me inclino más cerca, y miro directamente a mis verdes. Me congelo en el lugar, no estando muy seguro se debo atacar al espejo o correr. Mis piernas deciden por mí- Salto, prácticamente cayendo de mi cama, corro por la Sala Común y salgo al pasillo.

 

Camino por el corredor, pegándome a la pared mientras avanzo. Todo es extraño y fascinante. El techo es tan alto. Quizás por haberlas usado por eras, las piedras del piso están cubiertas por numerosas marcas de agua. Lo que anteriormente pude haber creído como un escarabajo negro uniforme  que viene caminando, noto ahora que en su parte trasera hay un complejo patrón en él.

 

Una polilla pasa sobrevolando. Instintivamente, voy tras ella; la sensación se siente extrañamente como andar volando, suave y natural. Vuela por su vida alrededor de una esquina y baja por las escaleras. Bajo por ellas de a cinco, aumentando mi velocidad.  Me lanzo en picada. Mis dientes consiguen cerrarse sobre la pequeña e inquieta polilla. A pesar de ser un poco polvorienta, es sorprendentemente sabrosa.

 

Escucho pasos y levanto la mirada.

 

¡Oh no! Snape viene directo hacia mí!

 

Estoy a punto de echarme a correr, cuando me percato de que ni siquiera me está mirando a mí. Él no sabe que soy yo. Soy solo otro gato para él.

 

Me agacho mientras él se aproxima. Sus túnicas ondean tras él. Es demasiado tentador…

 

Él pasa caminando, salto y fallo, deslizándome en el piso.  Corro nuevamente hacia él y salto nuevamente,  cayendo en la punta de sus túnicas. Ellas son inmediatamente jaladas de mí, y me patea en mi costado, haciéndome trastabillar. Me paro mientras él continúa su marcha por el pasillo, tomo aire y corro tras él. Ésta vez caigo en su pie. Mis patas delanteras se aferran a él, y muerdo su tobillo. De pronto algo me golpea, como una almohada invisible, que me envía deslizándome de vuelta al corredor. He sido removido. Cuando el hechizo flaquea, mis torpes movimientos solo me hacer girar alrededor, como si el piso fuese de hielo.

Finalmente me pongo de pie, frente a una pared vacía.

 

Volteo cuidadosamente solo para ver  a Snape irse caminando a otra dirección.

 

Me vuelvo a levantar, tomando un momento para recobrar mi orientación. Snape va delante mío. Corro tras él, tan rápido como puedo.  Arremeto contra su pierna por detrás, rodeándola con mis patas delanteras. Es atrapado con la guardia  baja y tropieza. Pateo su pie con mis patas traseras y muerdo su tobillo, haciéndome paso a mordidas a través de su capa y pantalones hasta que mis dientes chirrean contra sus botas ocultas de piel de dragón, mandando escalofríos a mi columna.

 

Lo siguiente que sé, es que me agarran por el pescuezo y estoy atrapado bajo un fuerte apretón de brazos.

 

Siseo y me intento zafar; la piel me aprieta incómodamente mi pecho y mis hombros. Me mira sospechoso por un momento, y luego conjura el Hechizo Restaurador. Antes de que entre en pánico, soy bañado por una luz azul, y nada ocurre. Supongo que Snape no cree en el Osulc-dhnelgenzin más de lo que creía Hermione, ya que no se molesta en conjurar el Hechizo de Anti-Glamour.

 

Luce brevemente impactado, y luego sonríe, de manera muy desagradable.

 

-Bueno, - dice – sólo eres un gato, ¿No?

 

Él me enrolla rápidamente en parte de su túnica, tan apretadamente que no me puedo mover, y me carga hacia las mazmorras. Gruño durante todo el camino. ¿En qué me he metido? Probablemente él vaya a torturarme, o probará una poción conmigo, algo horrible ¡Y ni siquiera tengo mi varita para defenderme!

 

Entramos al cuarto. La puerta se cierra de un golpe tras él. Noto brevemente a las paredes de piedra, la débil luz del candelabro y una esencia tenue de sándalo, antes de ser arrojado a un sofá de terciopelo rojo.

 

-“Petrificus Totalus!”

 

No alcanzo ni a pararme, estoy petrificado de costado, mis piernas en cualquier forma posible. Snape está haciendo algo, pero no puedo girar mi cabeza y ver qué es. Después de un momento, coloca un pequeño estuche de cuero en la mesilla de té frente a mí. Se abre, mostrando una gama de pequeñas herramientas de metal. Cuenta gotas, tijeras…escarpelo… una larga cosa de metal con una filosa curva en su punta…un pote vacío… Oh, con un infierno.

 

Snape se arrodilla en el piso, delante de mí. En una mano sostiene abierto un pequeño sobre. – No luzcas tan asustado – dice en una aterrorizante voz queda – no voy a viviseccionarte, por mucho que puedas merecerlo.

 

Se inclina acercándose, sosteniendo algo de metal frente a mi rostro. No puedo correr. No puedo ni siquiera evadir la esperada tortura.

 

Un rápido y agudo dolor en mi hocico llega, pero rápidamente este cede. Coloca un bigote en el sobre con las pinzas que está usando y repite el procedimiento un par de veces por cada lado, para cuando mi hocico está adolorido. Finalmente regresa las pinzas al maletín y para mi extremo alivio, cierra el maletín. Sella el sobre, lo pone en su escritorio y vuelve a sentarse a mi lado. 

 

-Ahora, ¿A quién debo restar puntos? – Con una mano bajo mi mentón, levanta mi cara. Su rostro está prácticamente sobre el mío, los ojos negros brillando. Pone uno de sus dedos en un costado de mi boca para abrirla y empuja mis labios por un Segundo. Sus manos viajan a mis orejas. No sabía que las orejas de gato fueran tan sensibles, envía escalofríos a mi espalda.  Se mueve para examinar las huellas de mis patas, y luego parece sin ideas; luciendo medio decepcionado. Una de sus manos descansa en mi costado. Después de un segundo, se pone de pie y me libera del Petrificus. Me estiro en el sofá siseándole.

 

- No es peor de lo que me hiciste.

 

Se mueve hacia la puerta, la que se abre, y salgo corriendo por ella, a través del Castillo, de vuelta a la torre de Gryffindor, y directamente bajo las cobijas de mi cama. Me escondo por un tiempo, aún en pánico, escuchando temeroso, pero todo lo que puedo oír es el sonido de mi sangre corriendo en mi cabeza y los ronquidos de Neville. Mi respiración lentamente regresa a la normalidad. Me transformo de vuelta a mi forma humana, me envuelvo apretadamente en mis cobijas y me quedo mirando la pared por lo que siento para siempre, hasta que eventualmente me quedo dormido.